El cine de mi infancia

 

El cine de mi infancia

 

 


La vida en Yaritagua terminaba a las nueve de la noche. A esa hora salía el cine y todo el mundo se recogía en su casa; a partir de ese momento, los que querían permanecer despiertos tenían que usar lámparas de kerosene. Eso era en los primeros tiempos cuando no había luz eléctrica pública sino una planta privada propiedad de la familia Rovatti, la cual apagaban a esa hora. Para ese entonces solo había un cine, llamado “Mi cine” en donde vi, sin censura, “El Peñón de las Ánimas”, todas las películas de Elsa Aguirre y las del ciclo de las rumberas de oro, además de todas las de María Félix, que era la actriz favorita de mi mamá, sobre todo cuando actuaba con Jorge Negrete o Pedro Armendáriz.

En esa época no era muy común que las mujeres fueran solas al cine, por eso, ese viaje que hacíamos mi mamá y yo a ver las películas de María Félix y de las Aguirre era casi una odisea. Nos sentábamos en el segundo piso, al cual se accedía por una pequeña y empinada escalera de madera. Éramos las únicas que estábamos ahí, pues el grueso del público iba a la parte de abajo, que era mucho más económica.

 


En “Mi cine” todas las noches, antes de empezar y al finalizar la función, tocaban “El barrilito”, también llamado Rosamunde, una vieja polka muy bonita y alegre que todos podíamos tararear ya que la ponían por parlantes y se oía en casi todo el pueblo. Años más tarde me he enterado de que es una polka alemana muy popular, pero en ese tiempo no teníamos ni idea. La década del cincuenta fue una de las épocas de oro del cine mexicano y de ella pudimos disfrutar bastante. En Yaritagua, para los aficionados al cine, los actores de ese momento eran ampliamente conocidos, sabíamos quiénes eran Jorge Negrete, Pedro Infante, Pedro Armendáriz, Joaquín Pardavé y, por supuesto, los Aguilar y nuestro muy querido Cantinflas, de quien no nos perdíamos ni una sola de sus películas. Y esto por nombrar a los más importantes. Y de las mujeres no se diga, Sara García, Alma Rosa y Elsa Aguirre, actrices dramáticas muy famosas, rumberas como Yolanda Montes “Tongolele”, Ninón Sevilla y María Antonieta Pons y, por supuesto, Miroslava a quien recuerdo porque se suicidó en 1954. María Félix y Andrea Palma nos gustaban y también las películas con Flor Silvestre, que actuaba siempre con los Aguilar y hacían temas rancheros.

Por esas fechas salió un álbum de barajitas con fotos de actores, de todas las nacionalidades. Sus fotos venían enrolladas en un sobrecito y dentro traían un chicle bomba. Con ayuda de mi mamá logré completar el álbum, que estuvo mucho tiempo dando vueltas por las diferentes casas en donde viví. Ese álbum tenía también una pequeña biografía de cada uno de los actores y gracias a esto conocí la vida de muchos de ellos.

Años después construyeron un nuevo cine llamado “Principal” en un solar que había sido propiedad de mis tíos J.J. Flores a quien yo llamaba papá Pío y su esposa Belén Mujica mi recordada mamá Belén. Este cine era de la familia Ladera, una familia numerosa que llegó de Caracas. Cuando compraron el solar, acabaron con la siembra de mangos más bonita que había yo visto, hasta ese momento. El cine quedaba muy cerca de mi casa, por lo que fui muchas veces, pero nunca fue un lugar acogedor, pues daba la impresión de que estaba sin terminar. Para mí, nunca tuvo el atractivo del otro, más antiguo, pero con más sabor. Además, cuando se construyó el cine “Principal” ya yo no vivía en Yaritagua y solo iba en las vacaciones.

En la misma época de “Mi cine” había dos cines parroquiales que eran un conjunto de bancos de madera al aire libre. Uno de ellos se encontraba en un patio al lado de la iglesia en donde está ahora el Liceo Santa Lucía. El otro cine parroquial, duró muy poco tiempo e igualmente lo administraba la Iglesia, se encontraba en lo que llamábamos la “fábrica de las Carrascosa”, que era un solar en ruina con unas antiguas paredes hechas de mampostería, lugar en donde luego estuvo muchos años después una posada turística, ya desaparecida. A éste había que llevar la silla y todavía recuerdo mi pequeña silla, a la que yo llamaba la sillita. 


A estos cines íbamos mis tías, mis primos y yo, casi todas las noches a ver series mexicanas del “Santo” y del “Enmascarado de Plata”, de “Raimú el hombre de las 1.000 caras”, de Tarzán y del Fantasma. También veíamos películas sobre vidas de santos y llorábamos mucho con su muerte. Ahí vimos la vida de santa María Goretti, los Milagros de Bernardita y la Muerte de Manolete. Aquí no pagábamos entrada pues la portera, que era a la vez la taquillera, era una señora amiga y nos dejaba pasar. Les debo mucho a esos sencillos cines de mi pueblo, pues gracias a ellos, conocí lo que ahora es una de mis grandes pasiones.

 

 

 

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