Un guía muy especial (El inquisidor de México)
Un guía muy especial
(El inquisidor de México)
Cuando visité Ciudad de México por primera vez, quedé deslumbrada con esta maravillosa ciudad, llena de tradición y de historias de la colonia, historias que todavía viven en la mente de muchos de sus habitantes. A pocos días de haber llegado, compré varios libros y entre todos los libros que compré había uno que me llamaba especialmente la atención, su título era “Historias del México Colonial”, escrito por don Artemio de Valle Arizpe, quien fue por más de cincuenta años Cronista de la Ciudad de México, era un libro lleno de historias interesantes de los tiempos de la colonia y una de las historias que más me gustó fue la de La Mulata de Córdoba, un personaje que, supuestamente, vivió en tiempos del Virreinato y que según cuenta la leyenda estuvo presa en la antigua cárcel de la Inquisición. El 24 de septiembre de 1994, fecha que no olvido, por ser el día de las Mercedes, el nombre de mi abuela, de mi mamá y el mío, mi amiga Rita y yo fuimos a un recorrido por sitios pintorescos del México colonial y entre otros lugares estaba incluido el edificio de la antigua cárcel de la Inquisición. Y así fue como nos dirigimos a visitar ese antiguo y extraño lugar, sobre el que se cuentan historias de voces, gritos y aparecidos que habitan ese espacio.
Rita que es mexicana y del DF ya había estado
en el lugar y me decía que ahí pasaban cosas raras, pero no nos imaginábamos
que a nosotras nos podía pasar algo extraño como un encuentro con alguien del
más allá. Llegamos caminando al lugar
que está ubicado en lo que llaman el Primer Cuadro de la ciudad, corazón del
centro histórico. De ese lugar me gustó la calma y la paz, aparente, que rodean
al antiguo convento de los monjes dominicos, en la plaza de Santo Domingo, a
pesar de estar ubicado en una zona llena de gente y sobre todo de vendedores
ambulantes que ofrecen toda clase de mercancía. Es un conjunto arquitectónico
compuesto de plaza, iglesia y las populares arcadas, llamadas las Arcadas de
Santo Domingo, a donde van todos los que no saben escribir, en busca de una
persona que máquina en mano le hace el documento que desee. También es hogar de
infinidad de pequeñas imprentas que ofrecen sus instantáneos trabajos.
Cuando llegamos al lugar nos encontramos con un
ambiente bucólico y tranquilo que no hace pensar que estamos frente a la antigua
cárcel de la Inquisición, uno de los lugares más temidos
y odiados en los tiempos en que estuvo activa. Luego de que la Inquisición dejó
de ejercer su macabro oficio, a los muchos años pasó a ser Facultad de Medicina
de la Universidad Autónoma de México y hoy es el Museo de la Medicina
Tradicional Indígena y también el Museo de la Facultad de Medicina. Apenas
habíamos entrado al lugar cuando se nos acerca un hombre, evidentemente empleado
del lugar, con el uniforme tradicional de los guías y se ofrece para hacernos
un recorrido, aceptamos gustosamente y así empezó nuestro viaje por un lugar
que todavía no sabemos cuál fue.
Era un hombre alto, delgado, cara enjuta, pelo negro y se destacaba en él una mirada profunda y oscura, pero nada hacía pensar en que no fuera un empleado normal y corriente de la institución. Rita y yo desde el primer momento empezamos a percibir una extraña y desagradable sensación, que no sabíamos explicar. Continuamos nuestro recorrido adentrándonos cada vez más en el lugar que se encontraba totalmente vacío de público a esa hora y, que con las referencias que teníamos nos parecía aún más siniestro. A medida que avanzábamos y sin nosotros provocarlo, empezó nuestro guía una violenta defensa de la orden de los Dominicos, de la Inquisición a la que llamaba Santa Inquisición o Santo Oficio, además de decir que en México fue algo muy suave, contrario a lo que se dice por ahí, que todo lo que se decía eran calumnias de los enemigos de la Iglesia. Nosotras discutíamos y manteníamos una posición firme y de verdadero enfrentamiento con esta afirmación. Por los grandes patios de piso de piedra y doble altura con altísimas arcadas, retumbaban nuestros pasos que seguían inquietos al desconocido guía, cada vez más exaltado y molesto.
Así recorrimos uno a uno los lugares en donde
estuvieron presos personajes famosos de la Colonia, detalles que nos fue
refiriendo nuestro guía, hasta que llegamos a un pequeño cuarto con una ventana
muy alta y lo primero que nos dijo es que ese fue el calabozo en donde estuvo,
hasta su fuga La Mulata de Córdoba. Yo
con la historia bastante fresca en la memoria por haberla leído un día antes,
empiezo a indagar con sorpresa y curiosidad sobre esa historia y él con todo
lujo de detalles nos cuenta la fuga de La
Mulata, no como una leyenda sino como algo verdadero, en un barco que ella
misma dibujó en la pared y que cuando vinieron sus guardias a buscarla para
interrogarla comentaron lo real del dibujo que había hecho del barco y le
dijeron que solamente faltaba alguien que manejara el timón y ella contestando
que no hacía falta, pues ella lo haría, saltó dentro del barco y se alejó para
siempre. Dicen que nunca más fue vista y solo dejó tras ella su fama de bella y
de bruja malvada que burló a la Inquisición.
Mientras más recorríamos el lugar nuestra sensación de incomodidad aumentaba y era inexplicable lo que sentíamos, a esto se le sumaba el no encontrarnos con ninguna persona durante nuestro recorrido. Pasó mucho tiempo, que para nosotros fue eterno, no podíamos explicar que nos pasaba, nuestro anfitrión cada vez daba más muestras de estar muy molesto y se lo sentíamos a cada paso que dábamos, su mirada y su forma de hablarnos mostraba un gran odio y rabia hacia todo lo que no fueran sus ideas. Rita y yo, aunque nerviosas nunca nos dejamos intimidar por su mal carácter y predisposición hacia todo lo que fuera en contra de la Inquisición y la Iglesia católica y aún más si era sobre la orden de los Dominicos. Terminó nuestro recorrido y cuando salimos a la calle y pudimos respirar lejos de su mirada severa y penetrante nos sentimos muy aliviadas y además con la sensación de que algo irreal había pasado en ese tiempo. Algo que no nos explicábamos ¿Por qué continuamos el recorrido hasta el final, pudiendo terminarlo en cualquier momento? pero algo extraño nos hacía seguirlo, como si estuviéramos hipnotizadas, hasta que él dio por terminado el recorrido. Largo rato después cuando comentábamos el incidente todavía sentíamos como nuestro cuerpo se erizaba totalmente de forma inexplicable y sobre todo una sensación de desagrado que solo logramos sacarnos del cuerpo y de la mente con una visita que a continuación hicimos al claustro de Sor Juana Inés de la Cruz y al hermoso Museo del Traje Folklórico.
Pasaron los días yo regresé a mi país y cada vez que nos comunicábamos recordábamos ese extraño y desagradable incidente el cual se lo contábamos a todos nuestros conocidos, pero la verdadera sorpresa llegó diez años después cuando volvimos juntas a visitar el lugar. Yo le había contado a mi esposo nuestra extraña experiencia y quería mostrarle el calabozo de La Mulata de Córdoba y el lugar por donde habíamos hecho tan extraño recorrido y lo primero que hicimos fue preguntar en donde quedaba, la sorpresa fue cuando un señor serio que hacía las veces de jefe del grupo de guías y de empleados nos dice: “Aquí nunca ha habido un calabozo donde haya estado La Mulata de Córdoba, además ese personaje nunca existió, eso es una leyenda y nosotros no contamos leyendas”. Cuando le dijimos que hacía diez años uno de los guías nos llevó al lugar, casi se molesta, pues afirmaba que eso no podía ser verdad. Nos condujo al sitio en donde yo decía que quedaba y nos mostró un moderno laboratorio que se encuentra ahí desde hace más de quince años, diciéndonos que él es jefe de los guías desde hace veinte años y, que nadie con esas características que le dimos ha trabajado ahí en todo ese tiempo.
Aún sin darnos por vencidas recorrimos toda la casa y además visitamos un lugar que no habíamos visto antes y que era una enorme galería con grandes retratos al óleo de todos los superiores de la Orden de los Dominicos en México, también retratos de los grandes inquisidores que ejercieron ahí su feroz misión. Miramos una y otra vez buscando parecidos, miradas torvas y agresivas, se sucedía una a la otra, todo nos hacía recordar a nuestro personaje, pero no podemos asegurar nada. De eso ya han transcurrido doce años y cada vez que nos reunimos Rita y yo, vuelve a nuestra memoria el incidente que nos sucedió en la Antigua Cárcel de la Inquisición, hoy Museo de la Escuela de Medicina Tradicional de la Universidad Autónoma de México.
De
algo estamos muy seguras, esa persona que nos atendió y nos hizo de guía en la visita
no era de este mundo y vive penando en ese lugar, ejerciendo el oficio de
defender la Inquisición y a la orden de los Dominicos, de tan ingrata
recordación en ese país.
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Demasiado embriagante la historia de esa visita, me pareció un cuento de Alfred Hitchcock, jajaja felicitaciones por la forma tan interesante de darle cuerpo a esa anécdota.
ResponderEliminarMuerete que eso me pasó, todavía me pregunto, que sería eso
ResponderEliminarQue relato tan escalofriante !! Tu haces que se camine contigo y con Rita el lugar, imaginando ese guía especial en un escenário solitario y sombrío. Tú le diste vida a esa visita contándonos con lujos de detalles lo que habían vivido... Gracias Mechin por invitarnos a conocer el lado oscuro del Palacio de la Inquisición en México, y por sobre todo, el cuarto de La mulata de Córdoba y el barco que usó para salir de allí.. Felicitaciones y nuevamente muchas gracias !!!
ResponderEliminarGracias por tu super comentario. De eso han pasado muchos años y todavía me pregunto ¿que fue lo que pasó, entramos en otra dimensión, otro mundo, otro tiempo o qué sería, o esa persona vino en un viaje en el tiempo para materializarse y defender la inquisición?
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