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Cuando dije adiós, era para siempre

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Cuando dije adiós, era para siempre   Las nubes semejaban un bestiario celestial, extrañas formas se superponían unas encima de las otras. Esperaba el momento de la partida observando divertido y sin nostalgia aquel desfile de animales, y tratando de adivinar a cuál de los animales conocidos por mí se parecían más. La noche se había ido hacía mucho rato y el canto del gallo semejante a un toque de diana en la mitad del campo ya me había advertido que el amanecer había llegado y con él la hora de decir adiós. Mi adiós era definitivo. Por dos veces al oír al gallo cantar evoqué los remotos días de una infancia definitivamente ida hacía ya muchos años. Era momento de decisiones y la mía ya estaba tomada. Como un capitán que en un antiguo barco busca en el horizonte rutas más seguras, así buscaba yo la posición de la veleta de la última torre que se perdía haciéndose cada vez más pequeña, solo para recordar los momentos en que  nos reuníamos para adivinar de donde iba a sopl...

Una pasión del más allá o el destino me jugó una mala pasada

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  Una pasión del más allá o el destino me jugó una mala pasada Roma, Año 191 DC, un incendio devastador asola la ciudad capital del imperio.   Desaparecen gran cantidad de edificios públicos, estudios, talleres y residencias privadas. Entre las grandes pérdidas estaba el Templo de Pax, el Templo de Vesta y gran parte del palacio imperial . No hacía mucho tiempo que la peste también había llegado, seguida de una gran hambruna por las malas cosechas de los cereales. Todo se confabulaba contra la ciudad. En este incendio desapareció el taller de escultura donde mi amada Flavia servía  de modelo para los artistas. Escultores y artistas del mármol, bronce y hierro, plasmaban su belleza para eternizarla. Ese día todo se perdió, la modelo, los artistas y con ellos su obra. Luego de la tragedia visité el lugar, lloré entre las ruinas al ver en lo que se había convertid o uno de los más importantes centros de arte de una ciudad que todavía vivía su época de oro, aunque ya en d...

Las Pimentel, hacedoras de sueños. Otra pequeña historia de Yaritagua

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  Las Pimentel, hacedoras de sueños Esta es una pequeña reseña sobre dos personas a quienes recuerdo con inmenso cariño. Suena raro pues las vi pocas veces pero dejaron una hermosa huella en mi.  Dolores y Matilde Pimentel vivían en la calle Nueva, frente a la casa vieja que fue de mis bisabuelos, papá Julián y mamá Carlina. Cuando yo las conocí estaban muy viejecitas, pero seguían trabajando y haciendo sus muñecas de trapo: eran las más lindas que yo había visto. Las hacían con gran cuidado, lindos vestidos, siempre muy alegres, floreados casi siempre en tonos rojos y amarillos. Dolores iba a mi casa a ofrecerle las muñecas a mi mamá, a ver si me quería comprar alguna. No siempre le comprábamos, pues yo tenía muchas muñecas y las cuidaba bastante. Dolores era una viejita muy delgada, pero siempre muy bien arreglada, con un pequeño moño en la nuca, una cartera negra muy pequeñita y una gran bolsa de tela en donde iban las muñecas. Si no era en mi casa,   yo las veí...

Personajes curiosos de Yaritagua

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  Personajes curiosos de Yaritagua De estos había algunos en Yaritagua, o por lo menos vistos desde mis ojos de niña, lo eran. Empezaré hablando de los asiduos a la pulpería de Ino a donde iban mucho, pasaban mucho rato hablando o solo mascando chimó, recostados en el mostrador o en alguna de las puertas, casi no compraban, solo iban a socializar con Ino o con otros de los asiduos. Nicolás Cordero, era uno de ellos y Mamatía y Chichí comentaban que era niño, o sea virgen, yo no sabía mucho que era eso y tampoco me ponía a imaginármelo. Lo llamaban el bachiller Cordero, blanco, alto y rubicundo, así lo recuerdo y también lo veo en mi mente vestido de blanco, pero no impoluto como iba Juan Manuel Moros de quien decían que se ponía los pantalones montado en una silla para que no se le doblara el filo que su pobre mujer planchaba con esmero, esa era la fama, siempre estaba de lo más atildado y sobre todo bien planchado y almidonado, de blanco y con sombrero, además. Don Andrés Mon...

Ensoñación manchega

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  Ensoñación manchega   Hace ya un largo tiempo me vi envuelto en un extraño suceso. Todo empezó una noche en que estaba estudiando para examinarme de Notario, agotado por el cansancio decidí apagar la vela con la que me alumbraba y recostar mi cabeza un rato, cuando me encontré en una encrucijada de caminos con un hombre que no destacaba mucho por su presencia, me preguntó a donde iba, le dije que, a Pedro Muñoz, coincidimos que él también iba y acordamos que haríamos juntos el camino.  Luego de conversar algunas trivialidades le pregunté su nombre y me dijo: Sancho, lo acepté de buena gana sin dudar ni pensar, ahí empezamos nuestra andadura. Al poco de andar dijo: Al buen entendedor, pocas palabras, yo para mis adentros pensé: esto me pasa por no juntarme con mis iguales, por eso dicen Cada oveja, con su pareja . Proseguimos el camino cada uno absorto en lo suyo, cuando le oí decir: no sé por qué he salido de casa pues más vale el necio en su casa que el cuerdo en la ...

En Daimiel, Bolote es mucho más que una finca…

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En Daimiel, Bolote es mucho más que una finca…   …Es una asociación cultural fundada en el año 1978 por José Martín de la Sierra y García-Consuegra y Rosa Fernández Espartero y García-Consuegra, con el fin de rescatar la tradición oral del pueblo. Los visito en su casa de Daimiel, “Villa Rosa”, a donde llego de la mano de Concha Nieva, a quien le agradezco muchísimo haberme presentado a estas dos increíbles personas como son Pepe y Rosa. “Villa Rosa” es el vivo reflejo de la inquietud de quienes la habitan por rescatar toda la memoria de su pueblo.  Es un lugar acogedor, cálido y sorprendente el que ha construido esta pareja, donde a través del tiempo han ido coleccionando objetos de todas clases, pertenecientes a generaciones pasadas. Aparejos de labranza, instrumentos para la cría y herradura de ganado, para la siembra del trigo, las cosechas de la oliva y las uvas, objetos de utilidad en el hogar y muy especialmente para la cocina, forman esta increíble e inmens...

El cine de mi infancia

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  El cine de mi infancia     La vida en Yaritagua terminaba a las nueve de la noche. A esa hora salía el cine y todo el mundo se recogía en su casa; a partir de ese momento, los que querían permanecer despiertos tenían que usar lámparas de kerosene. Eso era en los primeros tiempos cuando no había luz eléctrica pública sino una planta privada propiedad de la familia Rovatti, la cual apagaban a esa hora. Para ese entonces solo había un cine, llamado “Mi cine” en donde vi, sin censura, “El Peñón de las Ánimas”, todas las películas de Elsa Aguirre y las del ciclo de las rumberas de oro, además de todas las de María Félix, que era la actriz favorita de mi mamá, sobre todo cuando actuaba con Jorge Negrete o Pedro Armendáriz. En esa época no era muy común que las mujeres fueran solas al cine, por eso, ese viaje que hacíamos mi mamá y yo a ver las películas de María Félix y de las Aguirre era casi una odisea. Nos sentábamos en el segundo piso, al cual se accedía por una p...