¡Nunca más!
Es muy poco lo que pasa en el pueblo donde vivo y si pasa algo no se sabe cómo puede terminar. Se presentaba un monólogo en el teatro local, un actor iba a hacer una lectura dramatizada de El Cuervo de Edgar Allan Poe. Yo no quería perdérmela, a pesar de todo lo que tenía que hacer y las múltiples preocupaciones que rondaban mi cabeza. En la sala estaban todos los que generalmente suelen asistir a estos eventos, no faltaba nadie y yo me preparaba para un gran momento. Poder oír El Cuervo otra vez, era algo que significaba mucho para mí.
Entre los que llegaban tarde, los que buscaban
sus asientos, los que los conseguían y los que no, alguien trajo dos niños;
pensé: ¡ojalá que se acomoden pronto, que ya va a empezar! Hacía mucho rato que
había sonado la última llamada. Pero como en todo teatro de pueblo la gente
sigue llegando, no importa cuando haya empezado la representación. En ese
momento se abrió el telón y la ronca voz del actor se alzó entre la oscuridad
del escenario que le prestaba ambiente a la tétrica escena:
“Una vez al filo
de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido, oyese de súbito un leve golpe.
En ese mismo
instante alguien comenzó a toser con un entusiasmo que no dejaba posibilidad
alguna a la voz del actor que, por momentos, trataba yo de escuchar.
Es —dije
musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Y ahí sigue la tos y uno de los niños que grita ¡mamá, mira a Luisito, no me quiere dar de los chuches!

Continúa a duras
penas mi oído a tratar de entender y solo consigo escuchar entre tanto llanto y
gritos:
Virgen radiante,
Leonora por los ángeles llamada.
Momento muy oportuno, por aquello de la llamada
para que simultáneamente dos móviles, cuyos dueños olvidaron apagar, empiecen a
sonar. Uno con la música del ya pasadísimo de moda “Chiquilicuatre” y otro con
música de pasodoble, ¿pero a quien se le ocurre? Como sucede invariablemente
sus dueños no los consiguen, perdidos en la inmensidad de los bolsos y
bolsillos, continúan sonando hasta que por fin logran apagarlos con ayuda de
otras personas, pues casualmente no sabían manejarlos.
Continúa el actor y en ese preciso instante, después de tanta distracción se me viene a la mente todo lo que dejé pendiente en mi casa, mi amiga Laura llega mañana y yo no he limpiado, tengo que poner la casa a punto, tengo que ir al mercado, hacer varias diligencias antes de ir a la estación a recogerla, que le prepararé de comida, en ese momento solo tengo cabeza para mis pensamientos más domésticos y cotidianos, muy lejos de Poe. Luego, logro entender:
Algún visitante que a deshora
a mi cuarto quiere entrar
Sigo con mis
pensamientos y cuando ya he logrado sacarlos de mi mente y el actor dice en uno
de los momentos más dramáticos del texto
Era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo:
“¡Leonora!”
Una de las señoras que antes había sufrido el
ataque de tos, saca un pequeño caramelo que nunca pensé que pudiera hacer tanto
ruido. Lo que pasa es que se queda la buena señora doblando y jugando con el
papelito. Yo sentí que habían sido horas, hasta tuve la idea de pedírselo para
tirarlo yo a la basura o guardarlo o comérmelo o lo que fuera, pero ahí estaba
ella chiqui-chiqui, dobla que te dobla, sin darse cuenta del molesto ruido.
Cuando en ese instante el actor dice:
Dejad que a mi
corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!
Nunca mejor dicho, pensé yo. Ya no quedaba nada
por pasar, toses, gente perdida buscando sus asientos, niños llorando, el
papelito que suena, ¡que equivocada estaba!, faltaba los que siempre llegan
tarde y también los que se habían sentado en los asientos que no le correspondían.
Y con suave batir
de alas, entró
un majestuoso cuervo
Justo ahí llegan tres personas que obvio habían
confundido la hora, cuando a duras penas para mí logro entender lo que dice el
actor.
Pensé y casi lo dije en voz alta, ¿majestuoso
cuervo? Querrá decir tres fastidiosos e inoportunos, eso es lo que ha llegado,
sin suave batir de alas, pero sí con bastante ruido. Tuvieron que moverse
varias personas que habían ocupado sus puestos y esto con la consiguiente
molestia, lo que generó malestar e incomodidad en toda la fila.
Evadido de la
ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
¡Nunca más! Eso mismo pensé yo, a este teatro
no vuelvo, esto no me puede pasar otra vez ¡Nunca más!
Siento que el actor después del barullo de las
llegadas tardes, los teléfonos, los cambios de asiento, y las consecuentes
molestias ya casi gritaba, sentado en su mullido sillón, aunque por momentos
parecía tener ganas de levantarse. Más que la lectura de un poema gótico
aquello parecía la representación de una obra surrealista, donde el actor
interactuaba con el público, sin proponérselo, claro está.
Pájaro o bestia,
posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”
El negro pájaro,
interlocutor del amargado poeta se empeñaba en repetir lo que mi mente me decía
casi a gritos:
Otros amigos se
han ido antes;
mañana él también me dejará.
Yo dentro de mí
pensaba ¿por qué no me levanto y me voy y hago como esos amigos a quien el
actor cita que ya se han ido antes e interrumpo todo este calvario de ruidos? y
el actor decía como para insistirme, yo sentía que leía mis pensamientos
Llevaron solo esa
carga melancólica de “Nunca, nunca más
Todos molestan, ¿por qué no puedo hacerlo yo? y
termino de una vez el martirio de tratar de escuchar algo que ya es imposible.
Cuando estoy en mis cavilaciones y dudas de si será mejor levantarme e irme, en
ese preciso momento mis vecinos de asiento sacan un bocata de chorizo y un
refresco, ¡lo que faltaba! Pensaba que
ya había pasado de todo y que nada podría ya pasar, ¡oh inocente de mí! Entre
el olor a comida que en el contexto molestaba y el ruido que hizo el envase del
refresco al abrirse logré escuchar una de las últimas frases:
Y entonces,
hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
Yo, al igual que el poeta enlazaba una fantasía
con otra, soñaba que me levantaba y me iba, que me paraba airada, decía un
insulto, por demás merecido a todos los que ahí estaban, a los que molestaron y
a los que no, por ser dóciles y aceptar callados aquella tortura de ruidos y
olores. Solo cuando me levantaba y me iba, entre las cortinas de terciopelo,
llegué a escuchar en la lejanía la voz del actor que alterado decía:
Aparta tu pico de mi corazón y tu figura del dintel de mi puerta. Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”
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¡Ah, los teatros de pueblo, cuántos sinsabores para los que buscan disfrutar de los placeres culturales en tus plazas! ¡Cómo recuerdo mis visitas al cine Erie de Lawton en mis días de infancia!
ResponderEliminarJajaja mi amor, sentí que estabas en Mi Cine, en una obra con las actrices del pueblo, Carmen Bouquette y María Luisa Medina, junto a Chorito y Dimas Medina jajaja no hay diferencia en los teatros de los pueblos..!! Aunque sean del primer mundo.
ResponderEliminar¡No solo en los teatros de pueblo pasa! En algunos teatros de ciudades también...
ResponderEliminarDe acuerdo, por eso yo mencionaba el cine Erie de Lawton, Habana, Cuba de mi infancia
EliminarSi eso suele suceder y en el teatro es fatal porque no deja oir nada😠
ResponderEliminarSucede, sí. A veces sí y a veces también. Qué eternidad no oír al actor u oír a la concurrencia. Me hiciste sonreír.
ResponderEliminarJajajajaja me recordó un cine sin techo que había en maracay, y los asientos eran largos barcos de madera, donde pasaba cualquier cosa menos la película, que se quemaba, cortaba, las cotufas y vasos de plástico.siempre daban en el blanco equivocado y se armaba la concerniente trifulca. El.paralelismo entre el poema de Poe y lo que está sucediendo,.crean un paralelismo.sincronizado que pareciera casual pero no... ahí esta la mano del autor creando atmósferas maravillosas. Lo disfruté mucho. Gracias
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