Diario imaginario de Carlota,

Emperatriz de México

 

 

28 de mayo. Hoy desembarcamos en el puerto de Veracruz, y recibimos una acogida glacial por parte de la población. ¿Será esto un presagio de lo que nos espera? De aquí iremos por tierra hasta la ciudad de México. Es toda una aventura que espero que tenga un final feliz.

12 de junio. Después de quince días de viaje por tierra hemos entrado a la ciudad de México. El recibimiento ha sido efusivo. Hemos hecho una feliz entrada a la ciudad. Todos los poderes en pleno han salido a recibirnos. Nos hemos instalado en el Palacio Imperial de la ciudad. Seremos coronados próximamente en la Catedral Metropolitana y ese será el comienzo oficial de nuestro imperio.

20 de junio. Todavía estamos cansados del largo viaje, pero ya hemos recorrido casi toda la ciudad y hemos conocido a las familias distinguidas de la capital.

30 de junio. He cambiado mi nombre, he dejado de ser Marie Charlotte Amélie para ser simplemente Carlota, emperatriz de México.

5 de julio. Hemos empezado la construcción de un palacio en el Bosque de Chapultepec. Al palacio lo llamaremos palacio de Miravalle, donde empezaré a cumplir mis obligaciones con todo el pueblo de México.

15 de julio. Desde nuestra llegada ha habido varios choques entre la guerrilla republicana y los ejércitos imperiales mexicanos y franceses. Queremos que el pueblo nos vea como representantes de una política liberal y no como los herederos de una rancia monarquía europea. Tenemos temor de que nuestras ideas reformistas choquen con los intereses conservadores de quienes nos llamaron a gobernar.

25 de julio. Ni la Iglesia ni los conservadores están de acuerdo con lo que queremos hacer. Max tiene ideas muy sólidas al respecto y yo también. Los dos estamos inmersos en este difícil proyecto.

6 de agosto. Planeo realizar varios viajes para conocer el país. Mi primer viaje será a Texcoco y de ahí iré a Toluca. Salgo mañana muy temprano, me acompañan varias damas importantes de la sociedad mexicana, así como una pequeña guardia personal, militarizada por temor a encontrar en el camino a grupos guerrilleros juaristas.

6 de septiembre. El viaje ha sido muy importante para mí. Max me esperaba para poder salir a recorrer parte del imperio. Me quedo como Regente. Él sabe que tiene en mí todo el apoyo y que como dice mi padre, yo nací para gobernar.

15 de septiembre. El país nos gusta mucho. Repartimos el tiempo entre el palacio Imperial en la ciudad y el palacio de Miravalle en Chapultepec. Mi español cada vez está mejor e igualmente el de mi esposo. Ya no hablamos ni alemán ni francés entre nosotros, solo hablamos español. Me interesa mucho conocer también la lengua y la cultura de los mayas. Pienso hacer un viaje a esas tierras.

30 de septiembre. Hoy he escrito de nuevo a mi querida abuela, la reina María Amelia diciéndole: "Soy completamente feliz aquí; y Max también. La actividad nos sienta bien: éramos demasiado jóvenes para no hacer nada”. Solo tengo 24 años y la vida por delante para dedicársela al Imperio mexicano. No volveremos a Europa sino solamente de visita. Adoro México.

10 de octubre. La guerra de Secesión se acerca a su fin en los Estados Unidos de Norteamérica y Napoleón III nos anuncia que abandona la regeneración de México, por lo que está pensando retirar sus tropas.

20 de octubre. Nuestro imperio se queda solo sin su apoyo. Entre tanta incertidumbre salgo para Cuernavaca. Max ya estuvo ahí y quedó encantado. Quiere que tengamos una casa en ese lugar.

2 de noviembre. Hemos estado en la catedral de México. El mismo lugar donde fuimos coronados, para rezar por nuestros muertos y también por nosotros. Max saldrá de viaje por el país, va a conocer las tierras del norte. Una vez más quedo como regente.

15 de diciembre. Hemos recibido cartas de Europa. El emperador francés nos retira su apoyo. ¡Que pesadilla!

24 de diciembre. - Tendremos nuestra tradicional cena de Navidad. Miravalle luce hermoso, lleno de olores de plantas y flores tropicales. ¡Cómo me gusta México! Quisiera vivir en paz aquí. ¿Será eso posible?

30 de diciembre. - Ya llega otro año. ¿Qué nos traerá? Mañana iremos a misa como es la tradición y luego nos reuniremos para recibir el año. Vendrá el Cuerpo Diplomático y todos los ministros, también un grupo de amigos fieles que tenemos en México. Mi padre ha enviado como siempre, unos hermosos regalos.

5 de enero. Francia, está bajo la amenaza de Prusia, y hoy ha habido pequeñas escaramuzas donde su ejército ha sido derrotado. Su ejército de alguna manera es también nuestro ejército.

15 de enero. Ya las escaramuzas del ejército llegan a la ciudad y hasta muy cerca del palacio.

30 de enero. Max sale de viaje por el sur del país. Quedo de nuevo como regente. Tengo desde hace tiempo un proyecto de ley que deseo promulgar, y es la abolición de los castigos corporales y una justa limitación de las horas de trabajo, decisión en la que he sido secundada por mi augusto consorte.

10 de febrero. Mi esposo sigue de viaje por el país. Malas noticias nos llegan de todas partes. La Iglesia nos retira su apoyo. Luego de habernos apoyado como soberanos católicos que somos, deja de apoyarnos pues la ley donde el estado incauta los bienes de la Iglesia no fue revocada por mi esposo. Al contrario, ha sido refrendada. Luego de la visita del Nuncio Papal, esto era de esperarse. Ya que fue una tormentosa entrevista la que mantuvimos con Monseñor.

29 de febrero. Hoy mi esposo escribía a su hermano Luis y se expresaba de mi de la siguiente manera: "La soberana, fresca, alegre, fiel y leal, compartiendo todos los trabajos y peligros de su esposo y viajando incansablemente por las extensas comarcas del país”. Me alegra mucho que valore todo lo que yo soy capaz de hacer y lo buena compañera que puedo ser en estas circunstancias adversas.  

10 de marzo. Aprovecharé el buen tiempo para hacer un viaje que he deseado realizar desde mi llegada. Viajaré al mundo maya. Cuanto lo siento que no podamos ir los dos juntos. Quién sabe si llegue una buena época de tranquilidad en la que podamos viajar a esos lugares.

20 de marzo. Salgo para Yucatán. Voy con mis damas. También viaja un convoy militar con nosotros. Estaré dos meses de viaje.

5 de abril. Hemos estado en Uxmal. ¡Es una de las cosas más bellas que he visto! Ha valido la pena todo este viaje lleno de incomodidades. He visitado también una hermosa isla, llamada Isla del Carmen. Todos han tenido a bien recibirme de manera muy gentil. No me han visto como una enemiga. Agradezco tanto estas muestras de cariño y amistad…

15 de abril. He recibido varias cartas de mi esposo. Cuenta que la situación sigue muy difícil. Muchos de los conservadores que nos apoyaban nos han retirado su apoyo, pero no podemos ceder a sus peticiones conservadoras y traicionarnos a nosotros mismos.

25 de abril. Hoy llegamos a Ciudad de México. Encuentro a Max, triste y muy desanimado.  ¿Qué podremos hacer?

10 de mayo. Se han empezado a construir dos hospitales y una casa de asilo para ancianos abandonados. Si tenemos que irnos queremos dejar una buena huella. No queremos que nos recuerden con odio, si nos han de recordar que sea con tristeza, por lo mucho que hemos podido haber hecho.

 

Durante todos estos meses Maximiliano con una actividad frenética se mueve de un lado a otro propulsando la construcción de avenidas, carreteras, parques que han adornado toda la ciudad. Además de impulsar las mejoras en las comunicaciones de todo el país. Mientras Carlota desarrolla una gran actividad con las instituciones sociales y benéficas. Para ese entonces, ya los Estados Unidos, había decretado un bloqueo, que impedía la llegada de ayuda de Francia y Austria. Ante esta crítica situación, Carlota salió de Chapultepec rumbo a Europa el 8 de julio de 1866. Llegó a París el 9 de agosto. El emperador de los franceses pretextó estar enfermo para no entrevistarse con la emperatriz de México, pero Carlota insistió y lo consiguió. Sin embargo, la negativa de Napoleón III fue absoluta. Y luego de muchas esperas logró verlo. Dicen los secretarios que la conferencia fue larga y violenta y según Armand Praviel, la entrevista se efectuó en estos términos: -"Un Habsburgo no huye -dijo ella- Pero renunciar a una empresa irrealizable no es huir. Todo el universo aprobará una decisión que evitará que corra mucha sangre ¡Sangre! -exclamó Carlota con una risa estridente y nerviosa ¡Más caerá por culpa vuestra, creedlo! ¡Caiga sobre la cabeza de Vuestra Majestad! -Esta imprecación desató una tempestad.

 

Ya no eran más que dos adversarios irritados mutuamente; una hablando de emboscadas, el otro de la incapacidad de Maximiliano. Se oyeron gritos agudos: -¡Ah! -sollozaba Carlota - ¿Cómo he podido olvidar lo que yo soy y lo que es Vuestra Majestad? ¡Debí haber recordado que por mis venas corre la sangre de los Borbones y no haber humillado mi raza y mi persona arrastrándome a los pies de un Bonaparte! Con este diálogo, Carlota se convenció de que no debería esperar ya nada de Francia y así se lo hizo saber a Maximiliano. El 18 de septiembre de 1866, la emperatriz de México salió con su séquito con destino a Roma. El 21 y el 29 de septiembre acudió al Vaticano, pero el Santo Padre les negó la ayuda que necesitaban, recordándole que Maximiliano había ratificado las Leyes de Reforma y por lo tanto, la Iglesia los abandonaba a su suerte. Así les hacían pagar sus antiguos socios por haber sido liberales, justos y románticos. Su buena fe tuvo un alto precio. Mientras Carlota iba a todas las cortes europeas buscando apoyo para salvar el imperio de su esposo, todos sus antiguos amigos le negaban su ayuda. Solo su patria Bélgica la apoyó y recibió pero no tenían ninguna posibilidad de enviar tropas hasta el Nuevo Mundo. Fue así como Carlota fracasó en el intento de lograr el apoyo europeo para la monarquía mexicana.

 

Mientras esto sucedía en Europa, en México la situación no era mejor. Maximiliano acompañado de sus últimos colaboradores sale hacia Querétaro donde es apresado por las tropas juaristas y sometido a juicio. Se le condenó a muerte. La sentencia se cumplió el 19 de junio de 1867, en el Cerro de las Campanas. El presidente de México Benito Juárez supervisó la ejecución de Maximiliano. (Sus últimas palabras sobre su esposa fueron, según se informa: "¡Pobre Carlota!"). El Imperio se había derrumbado después de solo tres años y la emperatriz Carlota en Europa perdía para siempre el juicio. Nunca más recuperó la cordura y fue desde estados de paranoia hasta la melancolía más profunda. Siguió soñando con su vida pasada y escribiendo en su diario lo que leeremos a continuación.

 

15 de agosto de 1856. Hoy mi padre el rey me ha preguntado que con cuál de los pretendientes que tengo me gustaría casarme. No he querido detenerme mucho en pensarlo y le he contestado muy directamente que con Max, así a secas. Mi padre no entendió nada, pues casi no me he relacionado con la nobleza, solo me reúno con mis hermanos, con mi querida abuela Marie Amélie de Borbón-Dos Sicilias, reina de Francia, y algunos pocos amigos.



17 de agosto. Soy Marie Charlotte Amélie Augustine Victoria Clementine Leopoldine, y nací en el castillo de Laeken cerca de Bruselas, Bélgica, el 7 de junio de 1840. Soy la única hija del matrimonio formado por el Rey Leopoldo I de los belgas y la Princesa Louise Marie de Francia, hija del rey Luis Felipe I de Orleáns, descendiente de Luis XIII, y de Marie Amélie de Borbón-Dos Sicilias, hija a su vez de Fernando I de Borbón, Rey de las Dos Sicilias y de Nápoles. Por ahora sueño con mi príncipe y con el día en que venga a conocerme. Creo que soy lo suficientemente bonita y simpática. Mi padre dice que además soy tan alegre y graciosa que pocas princesas herederas europeas se me igualan. ¿También le pareceré así a Max? Mis damas de honor aseguran que sí.



19 de agosto. Hoy he vuelto a hablar con mi padre el rey de los belgas y me ha dicho que ha mandado emisarios a la corte austriaca para hacer del conocimiento de Max esta petición. No quepo de contento, ese era mi sueño. Nada ni nadie me hará cambiar de idea. Él es mi amor, desde una vez que en casa de mi querida abuela vi una foto de la familia imperial austriaca.

23 de agosto. Soy una romántica empedernida. Llevo páginas y páginas llenas de cartas que escribo a mi abuela, a mi madre muerta y a la princesa Charlotte of Wales, que murió tan joven y me causa tanto dolor…yo llevo su nombre, ¿será que habré heredado algo de su triste suerte? Estoy segura de que no será así y que me vida junto a mi príncipe será un largo camino lleno de momentos felices. Te espero Max.

25 de agosto. Max va a venir a conocerme dentro de 6 meses. Estoy muy feliz. Tengo que mandar a hacer muchos vestidos nuevos y sombreros y tocados adornados con flores y zapatos bordados. No quiero parecer una muchacha de provincia para Max que viene del brillante imperio austro húngaro. Mi abuela Marie Amélie siempre ha sido mi confidente desde muy pequeña y siempre lo será. Con ella quiero compartir siempre mi gran alegría de vivir. Mi abuela es sobrina de la infeliz y trágica reina María Antonieta. 

8 de septiembre. Tuve clase de historia, la adoro. No me alcanza el tiempo para todo lo que quiero hacer, también tengo que mejorar un poco mi español. Adoro aprender idiomas y con el español ya serían cuatro los que hablo. Todos me dicen que para qué tanto idioma que con francés e inglés es suficiente. Pero quiero dominar aparte de estos dos el alemán, el italiano y el español, pues, aunque nunca he ido a España ni conozco a nadie que lo hable suena tan bonito, suave y melodioso.

20 de septiembre. Hoy he tenido clase de literatura, mi maestro es Friedrich Hölderlin, adoro escribir cartas, poemas, pequeños cuentos que comparto con mis hermanos y sobre todo sueño con escribirle a Max, cartas que nunca le voy a mandar, pues no sabe que las he escrito para él. Mi maestro de filosofía también ha venido hoy.

30 de septiembre. Hoy fuimos a la iglesia de Laeken y recé para que Max venga pronto y solo pido que se enamore de mí. La otra vez oí a unos diplomáticos de mi país describiéndome de una manera que me sentí muy satisfecha con lo que decían. Se referían a mi persona como una joven alta, esbelta, llena de salud y de vida y que respira contento y bienestar, elegantísima, pero muy sencillamente vestida: frente pura y despejada; ojos alegres, rasgados y vivos; boca pequeña y graciosa, labios frescos y encarnados, dentadura blanca y menuda, pecho levantado, cuerpo airoso en el que compiten la soltura y majestad de los movimientos; fisonomía inteligente y espiritual, semblante apacible, bondadoso y risueño y en que sin embargo, hay algo de grave, decoroso y que infunde respeto esto y mucho más que esto y se tendrá una idea de la princesa Marie Charlotte. 

6 de octubre. Hoy vino mi maestro de pintura. Se llama Caspar David Friedrich. Se quedará hasta el fin del otoño. Tengo que aprovechar este tiempo. Yo también he empezado a pintar ruinas clásicas, antiguas iglesias y grandes arcos y columnas en medio del bosque. Ha traído un cuadro para que mi padre lo vea y si le gusta lo adquiera. Se llama: Caminante sobre un mar de nubes. Me encantó, y mi padre lo va a comprar.



22 de octubre. ¿Le pareceré a su madre lo suficientemente aristocrática para su hijo? Pertenezco a la Casa de Sajonia-Coburgo-Gotha que tomó su nombre del ducado alemán, patria de mi padre, el primer rey de Bélgica.

28 de octubre. He escrito algo que muestro a mi maestro: “En el amable azul florece con el metálico techo el campanil. Lo circundan los chillidos de golondrinas en vuelo, lo envuelve el más conmovedor azul. El sol lo domina e ilumina las láminas, pero en lo alto la bandera quieta canta en el viento”.

20 de noviembre. Ya puedo recitar de memoria muchos bellos poemas en alemán. Desde ahora en adelante esta será mi lengua:

 

Ich sollte ruhn? Ich soll die Liebe zwingen,
Die feurigfroh nach hoher Schöne strebt?
Ich soll mein Schwanenlied am Grabe singen,
Wo ihr so gern lebending uns begräbt?


3 de enero de 1857. ¡Hoy llega mi príncipe!

5 de enero. Noche de Reyes. No encuentro las palabras para describir mi emoción. Max, Max. Es como yo lo había visto en aquel daguerrotipo en casa de mi abuela Marie Amélie, más rubio, más alto y muy joven. Sólo tiene 24 años. Max me ha regalado un par de pendientes, un broche de diamantes y una pulsera con guardapelo que contiene un rizo suyo. Su madre, Sofía de Baviera se ha mostrado encantada conmigo y ha acordado con mi padre que nuestra boda puede realizarse este mismo año. Max está de acuerdo y mi padre y yo también. Tengo la suerte de tener uno de los pocos padres que se interesa por mi opinión y mis deseos.

15 de enero. Recibí carta de Max. Estoy triste por su partida, pero alegre por todo lo que me dice en la carta: Mi pequeña Marie, son pocas las palabras que tengo para expresar mi felicidad, siempre serás mi ángel y nunca nos vamos a separar. Si alguna vez el destino quisiera que estemos separados por largo tiempo, puedes estar siempre segura de que soy tu devoto enamorado. Tuyo, Max.

5 de febrero. Hoy me mostró mi abuela una carta de mi madre donde me definía como “pequeño silfo de cuento de hadas”, viva, petulante y parlanchina, con un buen humor y una alegría habituales, tierna y afectuosa para los que la rodeaban, notablemente inteligente, y deseando de una manera absoluta, desde los dos años y medio, aprender a leer, y expresándose para todo ‘como una persona grande, con los más bellos giros en las frases’; un poco voluntariosa sin duda, pero disimulando este defecto por una cualidad: el celo que, desde sus primeros años, puso en todo lo que hacía y en todo lo que aprendía.” Que alegría me da saber que así me veía mi madre. Siempre la recuerdo, y que falta me hace.

10 de febrero. Mi ajuar es bellísimo. Mi abuela dice que mi padre es uno de los reyes más ricos de Europa y que por eso me puedo permitir cualquier lujo. Y también me ha dicho que somos mucho más ricos que la corte austrohúngara.

5 de marzo. Le he contado a mi padre todo lo relacionado con mi viaje, hemos hablado por horas. Soy tan parecida a él que dicen que parezco su miniatura. Trato siempre de estar cerca de él en todas las ceremonias oficiales y siempre he querido llenar el vacío que dejó mi querida mamá y al que me siento llamada por Dios a ocupar.

15 de marzo. Hoy recibí un retrato de Max y luce como yo lo recuerdo: alto, hermoso, galante, diferente a todos los demás hombres que he conocido. Y además de su físico me impresionó la cantidad de temas de los que el archiduque era capaz de platicar, sobre las mejoras que pensaba hacer a la armada naval austriaca, a la cual pertenecía, sobre el puerto que deseaba construir en Trieste, sobre arte, el mar, botánica y mucho más. 

25 de marzo. En la primera carta que recibí me decía "La favorable respuesta de Su Majestad, vuestro augusto padre, me hace profundamente feliz. Me autoriza a dirigirme a Vuestra Alteza Real para expresarle los sentimientos más hondos, agradecidos y cordiales, su compañía asegura la felicidad de mi vida y expreso mi gratitud a Vuestra Alteza Real mi princesa Marie Charlotte Amélie. Su más rendido prometido Maximiliano”.

25 de julio. Sólo faltan dos días para la boda. No puedo dormir y además soñé cosas horribles que no quiero ni repetirlas. Pero todo fue eso, solo un sueño, la realidad es otra. Soy muy feliz y Max me ha dicho que también es muy feliz. Llega esta noche, se hospedará con su familia en nuestra casa.

27 de julio. Hoy me levanté a las 4 de la mañana. Quiero escribir todo como será mi boda. El matrimonio civil se llevará a cabo en el Salón Azul del Palacio Real y yo llevaré un traje de seda blanco bordado en oro y un velo inmenso, obra de las encajeras de Bruselas, que cae en ondulados pliegues coronado con una diadema de azahares y diamantes. Entraré del brazo de mi padre, el Rey Leopoldo, quien irá enfundado en su uniforme de teniente General del Ejército belga. La ceremonia oficial la oficiará el alcalde de Bruselas y después nos trasladaremos a la iglesia de Santa Gúdula, en donde el Obispo Cardenal Deschamps oficiará la ceremonia religiosa.

30 de julio. Hoy es el único momento en que he tenido tiempo para escribir. No puedo describir la belleza de mi boda. Todo salió como yo pensaba y Max vestido con el uniforme de Almirante de la Armada austríaca, parecía un sol. Como regalo de boda me obsequió veinte mil florines. Vinieron muchos invitados de todas partes de Europa. Mis primos de Portugal y de España, estuvieron presentes y mi primo Alberto en representación de su esposa mi prima la reina Victoria. Mi querida abuela Marie Amélie de Francia, vino desde su casa en el exilio y me regaló una antigua y valiosa pulsera con un camafeo que tenía su retrato, nunca me voy a desprender de ella y siempre la voy a llevar conmigo y también vino el archiduque Carlos Luis, mi cuñado. Toda la nobleza belga estuvo presente y la fiesta duró tres días.

8 de agosto. Hoy nos vamos para Viena. Adoro a mi esposo, es tan galante y educado. Además, es un idealista, quiere lo mejor para su pueblo y sueña con un gobierno liberal y justo que prevalezca sobre todos los imperios. Ya soy Marie Charlotte Amélie Augustine Victoire Clémentine Léopoldine, Archiduquesa de Austria.



5 de septiembre. Mi padre el rey Leopoldo de los belgas, ha presionado al emperador quien por fin se decidió a darle a Maximiliano el Reino de Lombardía-Venecia. Estamos contentos con irnos a Italia. Ahí he pensado dedicarme a pintar y a escribir.

15 de octubre. Ha habido algunas revueltas en contra del Imperio. Max ha sabido calmar los ánimos y sé que tendremos éxito en esta misión que nos han encomendado. Tenemos muchas ideas y a ninguno de los dos nos asusta ser gobernantes. Mi padre siempre dijo que yo tenía materia de gobernante y aquí lo estoy empezando a poner en práctica.

25 de noviembre. Estamos preparando todo para la Navidad. Estamos felices y tranquilos. A Max lo que más le interesa es la Botánica y la Biología. Ahora ha hecho construir un pabellón donde pasa el día estudiando  las plantas y los insectos que recoge en sus largas caminatas.

15 de diciembre. Ha habido otra revuelta en el Véneto. Hemos salido airosos de nuevo. Mi cuñado no tardará en llegar. Supongo que estará satisfecho como hemos defendido los intereses austríacos. Max con su simpatía y bondad se gana al pueblo.

24 de diciembre. Hoy tenemos cena de Navidad y también iremos a la misa de la iglesia local. Queremos reunirnos con los del pueblo.

2 de enero. Mañana llega la familia imperial. Todo está a punto para recibirlos.

8 de enero. Esta visita sólo nos ha traído disgustos. Mi cuñado el emperador no está satisfecho con el éxito del gobierno de mi esposo. No sabemos que esperaba. He hablado con él pues necesito respuestas para esa conducta. Podrá irrespetar a su hermano, pero no a mí. Amenazó con destituirlo del cargo y también con quitarle la comandancia de la Armada austríaca.

20 de febrero. Siguen los problemas con varios grupos anarquistas italianos. Acaba de entrar en escena Napoleón III, emperador de Francia. Esto cada vez se pone más difícil para los intereses del imperio Austrohúngaro.

30 de marzo. La situación de la Lombardía-Véneto se hace cada vez más insostenible. Sólo la bondad y humanidad de mí amado esposo ha evitado un derramamiento de sangre.

21 de abril. Hoy ha llegado un correo imperial con la destitución de mi esposo como gobernador y también su destitución de la comandancia de la Armada austríaca como habíamos temido que pasara.

1 de mayo. Estamos descansando en paz en nuestra casa de Miramar. Pienso que nuestro talento para gobernar se está desperdiciando y que sería afortunado cualquier país que nos tuviera como soberanos.

7 de junio. Hoy es mi cumpleaños. Tendremos un brindis con algunos amigos cercanos. Ahora estamos tranquilos y no deseamos nada diferente a lo que tenemos. Desearíamos tener un hijo, pero por ahora Dios no nos lo ha mandado. Tendremos que esperar.

7 de julio. Hemos recibido la visita de un grupo de políticos conservadores mexicanos que le han ofrecido a Max la oferta del trono de México. ¿México? Estos políticos anhelan un imperio para solucionar la inestabilidad política del país.

15 de julio. Max no quiere pensar en ello. Está feliz con sus mariposas y recogiendo conchas de mar para su colección. Este verano pensamos irnos a Croacia a nuestra casa monasterio en la costa dálmata.

5 de agosto. Hemos recibido una carta de Napoleón III, quien ha iniciado la intervención francesa en México. Max dice que por qué no buscan a otro que no sea él.

22 de agosto. Estamos felices, pero algo ronda nuestras vidas. El emperador Francisco José, está de acuerdo con que aceptemos el trono de México. Mi padre a quien he consultado, también lo está. El emperador presiona para que Max acepte este lejano destino. 

5 de septiembre. Hemos regresado a Miramar. Mi cuñado ha mandado emisarios para que hablen con mi esposo. Yo he estado presente en las conversaciones y estoy empezando a pensar que la oferta es buena. He leído mucho sobre México y sé que es una linda tierra y pienso que necesitan de personas como nosotros que quieran hacer algo por el país.



23 de septiembre. He consultado con mi abuela a quien he ido a visitar y me ha dicho llorando que no aceptemos, que nos van ¡a asesinar! ¿Por qué habrían de hacerlo? Nosotros no hemos ido a buscar ese imperio, ellos han venido hasta nuestra casa a ofrecérnoslo.

15 de octubre. Max definitivamente no lo desea. Él es feliz con lo que tiene y si tuviera menos, también lo sería.

20 de octubre. He ido a hablar con mi padre y mis hermanos. Todos están de acuerdo en que aceptemos. Mi esposo es el hermano menor del emperador, por lo tanto, nada heredará. Ya hay un heredero, el príncipe Rodolfo.

5 de noviembre. Luego de mucho pensarlo hemos aceptado. Esperamos que sea para la felicidad de todos. Juan Nepomuceno Almonte e Ignacio Aguilar y Marocho, nos volvieron a visitar muy satisfechos con la decisión que hemos tomado. Ellos están totalmente opuestos al gobierno republicano encabezado por Benito Juárez.

15 de noviembre. Francia está impaciente en convertir a México en un Estado satélite. Pero ni mi esposo ni yo estamos dispuestos a ser títeres de nadie. Los dos tenemos ideas liberales y lucharemos para hacerlas prevalecer. Mi esposo a pesar de haber aceptado está triste y preocupado por la situación. En parte tiene razón ¿a nosotros que nos importan los deseos de Napoleón III?

30 de noviembre. Hemos estado en Viena y si mi cuñado hubiera podido embarcarnos hoy mismo al Nuevo Mundo, lo habría hecho. Quiero estar lejos de todo esto y en México seremos el emperador y la emperatriz al igual que Francisco José y Sissí.

6 de diciembre. Estamos en Bélgica. Hoy hemos salido a cabalgar y a la iglesia a visitar la tumba de mi madre. Cuanto he llorado despidiéndome de ella. Sabrá Dios cuando volveré a estar aquí. Fuimos a ver a mi anciana abuela que una vez más nos dijo: están a tiempo, no vayan, ¡los asesinaran! Esta vez se me heló la sangre con estas palabras. Nos despedimos llorando y no quise volver la vista atrás.

31 de diciembre. Cenaremos todos juntos, pero antes iremos a la misa. Ahí nos daremos el último abrazo del año y el primero de otro que empieza. Feliz año 1864. Pronto nos iremos al Nuevo Mundo y desde ahora cambiaré mi nombre al español y seré María Carlota Amalia Augusta Victoria Leopoldina o a secas Carlota, emperatriz de México.

5 de enero. Estamos hablando en español para mejorar el idioma, queremos que los mexicanos se sientan orgullosos de nosotros. Max sigue triste, yo estoy eufórica.

30 de enero. Napoleón III ofrece todas las garantías de defender el nuevo imperio mexicano. Hay un ejército francés asentado en el país. Pero las guerrillas leales al presidente Benito Juárez también están por todas partes. ¿Estaremos nosotros yendo a un país en guerra? No queremos estar en medio de una discordia local. ¿Podremos nosotros llevar la paz a esas lejanas tierras? 

15 de febrero.  La Iglesia de Roma y todos los reinos existentes nos han ofrecido su apoyo. Ya estoy casi convencida de lo acertado que ha sido nuestra aceptación.

15 de marzo. Ahora como futuros emperadores de México hemos sido recibidos e invitados con todos los honores por diversas casas reales. Muchas personas han llegado hasta Miramar a felicitarnos. Max no ha tenido ni fuerzas ni humor para recibirlas, yo me he encargado de hacerlo.

14 de abril. Hoy nos despedimos de Europa y zarpamos desde Miramar en la fragata austriaca Novara. En el nombre de Dios.

15 de mayo. Ya falta muy poco para llegar. ¿Será como lo hemos visto en los libros? No tengo una verdadera imagen del país. Los conservadores tienen una visión, los liberales otra y hasta ahora no hemos podido encontrar una opinión imparcial que nos muestre la realidad. Ya estamos viendo las costas, estamos llegando a ¡México!

 

Francia, Roma, Austria y Bélgica fueron su recorrido buscando ayuda.  El estado mental de Carlota empezó a deteriorarse desde las negativas de Francia y Roma de enviarles apoyo y se agravó con la muerte de su marido. Carlota se enteró de la muerte de Maximiliano el 14 de enero de 1868, y se lo notificaron porque al día siguiente, llegaron los restos del emperador de México que habían sido embarcados el 26 de noviembre en Veracruz en la Novara que capitaneó el vicealmirante austriaco Tegetthoff. La misma fragata que tres años antes los había conducido a su destino, llenos de ilusiones y proyectos para realizar. La emperatriz llegó a tener momentos de lucidez y como prueba de ello mandó hacer una pintura -en la que aparece el emperador abrazando una bandera- que envió a sus más cercanos colaboradores con una dedicatoria: "Rogad por el descanso del alma de su majestad Fernando Maximiliano José, emperador de México”.


Ella pasó el resto de su vida en aislamiento, primero en su Palacio de Miramar cerca de Trieste, luego en el Castillo de Tervueren y finalmente en el Château de Bouchout en Bélgica donde finalmente fallecería. La emperatriz Carlota Amalia nunca recuperó la cordura. Siempre habló de su querido Max en presente y siguió recordando una y otra vez, su pedida de mano, su compromiso y boda.

Nunca más volvió al país que había hecho suyo y siempre se sintió como la emperatriz de México. Permaneció profundamente enamorada de su marido. Después de su muerte, ella atesoró todos los bienes sobrevivientes que habían disfrutado en común. Se convenció a sí misma de que Maximiliano aún estaba vivo y pronto volvería. Se dice que durmió con una pequeña muñeca en su cama, a quien llamó "Max".



Moriría 60 años después de su amado esposo, el 19 de enero de 1927, víctima de una pulmonía, tenía 87 años. En su lecho de muerte murmuró; "Recordadle al universo al hermoso extranjero de cabellos rubios. Dios quiera que se nos recuerde con tristeza, pero sin odio" y según el historiador mexicano Luis Weckmann sus últimas palabras fueron: "Todo aquello terminó sin haber alcanzado el éxito". Sus restos reposan en la iglesia de Laeken, lejos de los restos mortales de su marido, que descansan en la Cripta Imperial de la iglesia de los Capuchinos en Viena.

Maximiliano y Carlota encarnaron perfectamente una época. Su vida y sus luchas llenas de un idealismo extremo, exagerado, encontró con frecuencia un violento choque con la realidad. Sigue siendo considerada en México como una figura romántica y trágica, víctima de los vaivenes de la política mundial de su época.

 

 

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