Personajes curiosos de Yaritagua

 

Personajes curiosos de Yaritagua

De estos había algunos en Yaritagua, o por lo menos vistos desde mis ojos de niña, lo eran. Empezaré hablando de los asiduos a la pulpería de Ino a donde iban mucho, pasaban mucho rato hablando o solo mascando chimó, recostados en el mostrador o en alguna de las puertas, casi no compraban, solo iban a socializar con Ino o con otros de los asiduos.

Nicolás Cordero, era uno de ellos y Mamatía y Chichí comentaban que era niño, o sea virgen, yo no sabía mucho que era eso y tampoco me ponía a imaginármelo. Lo llamaban el bachiller Cordero, blanco, alto y rubicundo, así lo recuerdo y también lo veo en mi mente vestido de blanco, pero no impoluto como iba Juan Manuel Moros de quien decían que se ponía los pantalones montado en una silla para que no se le doblara el filo que su pobre mujer planchaba con esmero, esa era la fama, siempre estaba de lo más atildado y sobre todo bien planchado y almidonado, de blanco y con sombrero, además. Don Andrés Montes de Oca, siempre vestido de negro, con chaleco y reloj con cadena dorada en el bolsillo del chaleco. Pasaba horas sentado o hablando o solo sentado en silencio, su fama era de muy tacaño, estaba muy delgado y decían que era por no comer, pero cuando lo invitaban a comer algo lo hacía con mucho apetito, así que suena cierta esa fama. Ese dinero quedaría a sus sobrinos, pues no tenía hijos y trabajaba como prestamista. Raldiris, no recuerdo su nombre, pero era otro de los personajes frecuentes, vestido muy sencillo, casi humilde. Era muy blanco y se le veía una persona educada y silenciosa, tenía varios hijos, entre ellos una muchacha muy delgada y parecida a él. Había varios clientes que solo venían a última hora de la tarde, casi noche a comprar, café, fósforos y velas, pues no tenían luz eléctrica en su casa, o pan, los biscochos llamados burreros tan sabrosos que se vendían en la pulpería.

A estas personas se sumaba Luis Aguilar, joven y hasta bien parecido en esos primeros tiempos, luego empezó su gran deterioro mental y el abandono en el que cayó más adelante. Pedro Aponte quién era una persona muy seria y tranquila hasta que se volvió completamente loco, mi mamá le tenía mucho miedo, aunque nunca me pareció una persona violenta, acostumbraba a ir a la pulpería y quedarse mucho rato en la puerta, sin hablar y sin comprar nada, pero tampoco se metía con nadie, siempre andaba muy limpio y se decía que su familia se ocupaba de cuidarlo. José Nicodemus, más conocido como “Flecha Roja”, iba mucho por la casa pues limpiaba el solar cuando no estaba muy borracho, de lo contrario lo limpiaba Pedro Parra, muy bueno y con buen carácter, pero prometía y no cumplía y varias veces se quedaban esperando y no iba. José Tomás “el cojo” como lo llamaban todos, bueno más bien lo llamaban al revés, “El cojo” José Tomás, quien lamentablemente tuvo un triste final, era cliente fijo de la pulpería, su esposa y también sus hijos iban todos los días.

Los comedores de chimó eran los más consecuentes clientes de Ino que iban a diario a llenar su cajeta y a escupir en el suelo de la pulpería que siempre estaba manchado y era la muestra inequívoca de sus visitas.

Como Ino no vendía alcohol los que pasaban por ahí y eran amigos del trago ya lo traían colocado entre pecho y espalda.

Para mi eran personajes curiosos los que llegaban del campo, tanto los de Guaremal como los de La Piedra, El Salto y El Frío. De Guaremal venían los Sira, Calixta la matriarca, que había sido por años la cocinera en la hacienda de Guaremal y sus hijos que eran varios. Con Ramona, una de sus hijas tuvo Ino a José María, Moisés y Aída. De El Frío venían Cleofe y su esposa Delfina, compadres de mi papá, unas personas buenas y muy trabajadoras, mi papá era padrino de Gervasio, su hijo menor y de los otros lados venían con las recuas de mulas cargadas de leña y sacos de maíz y caraotas en su vaina. Para mí era una fiesta la llegada de estas personas que hablaban distinto y sobre todo olían distinto, era un olor como a campo o matas.

Entre los personajes extraños a mis ojos infantiles, estaban los hermanos Mujica de El Jobito, blancos albinos que solo se asomaban por la ventana y no recuerdo haberlos visto nunca en otro lugar que no fuera ese. Yo los relacionaba con fantasmas o con la locura, no sé si basado en alguna historia que había escuchado. Otras caras y expresiones que me asustaban eran la de los Rojas, también de El Jobito, hombres y mujeres tenían una mirada que me producía una extraña sensación. Había por los lados de El Jobito alguno que otro señor que se sentaba a la puerta de su casa o su negocio y ahí casi que en posición estática pasaban horas mientras nosotros dábamos en el carro, la famosa vuelta de la noche y se veían los ante portones oscuros y si acaso alguna vela encendida en el corredor, estos también eran personajes curiosos para mí y muchas veces habitaban mis sueños de pesadillas infantiles.

De esos personajes de mi infancia, no tengo ni un testimonio fotográfico, por eso lo ilustro con unas fotos de mi mamá y yo en ese tiempo.



 

Comentarios

  1. Muy interesante y muy amena la estampa. 👍

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  2. Eres una pintora de la palabra, uno ve las escenas tan palpables como fotos o pinturas. Me encanta tu blog

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